Una hemorragia externa puede pasar de ser una molestia menor a una situación que pone en riesgo la vida en cuestión de minutos. Saber cómo reaccionar mientras llega la atención médica marca una diferencia enorme. La buena noticia es que la mayoría de los sangrados visibles se pueden controlar con maniobras sencillas que cualquier persona puede aprender. En este artículo te explicamos, paso a paso, cómo actuar con calma y seguridad ante una hemorragia.
Qué es una hemorragia y por qué es urgente
Una hemorragia es la salida de sangre fuera de los vasos sanguíneos. Cuando es externa, la vemos directamente sobre la piel o una herida. El cuerpo humano adulto tiene aproximadamente cinco litros de sangre, y la pérdida rápida de una parte importante puede provocar un estado de shock, en el que los órganos dejan de recibir el oxígeno que necesitan.
Por eso, el objetivo principal de los primeros auxilios es sencillo: detener o reducir la salida de sangre lo antes posible y mantener a la persona consciente y estable hasta que reciba atención profesional.
Antes de tocar la herida: tu seguridad primero
Ayudar no significa exponerte a un riesgo innecesario. La sangre puede transmitir infecciones, así que conviene tomar precauciones básicas:
- Usa guantes desechables si los tienes a la mano. Si no, emplea una bolsa plástica limpia como barrera.
- Lávate las manos antes y después de atender, cuando sea posible.
- Evita el contacto directo de la sangre con tus ojos, boca o heridas abiertas.
- Asegúrate de que el entorno sea seguro antes de acercarte a la persona.
Pasos para controlar una hemorragia externa
La técnica más eficaz y disponible para casi cualquier persona es la presión directa. Sigue este orden:
- Aplica presión directa. Coloca un paño limpio, gasa o tela sobre la herida y presiona firmemente con la palma de la mano. La presión constante es lo que detiene el sangrado.
- No retires el primer apósito. Si la tela se empapa, coloca otra encima sin quitar la anterior, para no romper el coágulo que se está formando.
- Eleva la zona afectada. Si es un brazo o una pierna y no sospechas fractura, levántala por encima del nivel del corazón para reducir el flujo de sangre.
- Mantén la presión. Sostenla durante varios minutos sin levantar para revisar a cada instante. La interrupción frecuente impide que se forme el coágulo.
- Asegura con un vendaje. Una vez controlado, fija el apósito con una venda firme, pero sin cortar la circulación.
Consejo clave: la presión directa, firme y sostenida resuelve la gran mayoría de las hemorragias externas. No la levantes constantemente para mirar; confía en la presión y deja que el cuerpo forme el coágulo.
Señales de alarma que exigen atención inmediata
Algunas situaciones indican que la persona necesita atención médica urgente y traslado sin demora:
- El sangrado no se detiene a pesar de la presión sostenida.
- La sangre sale a chorros o de forma pulsátil, lo que sugiere una lesión arterial.
- La herida es muy profunda, extensa o tiene un objeto clavado.
- La persona luce pálida, sudorosa, confundida, con frío o pierde el conocimiento.
- Hay sangrado abundante en cabeza, cuello, tórax o abdomen.
Si hay un objeto incrustado, no lo retires: podría estar conteniendo el sangrado. Estabilízalo con apósitos alrededor y espera a la atención profesional.
Qué evitar al atender una hemorragia
Tan importante como saber qué hacer es conocer los errores frecuentes:
- No apliques torniquetes improvisados salvo casos extremos de sangrado masivo en una extremidad que no cede de ninguna otra forma; mal usados causan daño.
- No pongas algodón directamente sobre la herida, ya que sus fibras se adhieren.
- No uses remedios caseros como café molido, telarañas o ceniza, que aumentan el riesgo de infección.
- No des de comer ni beber a la persona si está muy afectada o podría requerir cirugía.
Cómo reconocer un estado de shock
La pérdida importante de sangre puede llevar al organismo a un estado de shock, una urgencia que requiere atención inmediata. Aprende a identificar sus señales tempranas para actuar a tiempo:
- Piel pálida, fría y húmeda al tacto.
- Pulso rápido y débil, junto con respiración acelerada.
- Sensación de mareo, debilidad o sed intensa.
- Inquietud, ansiedad o, por el contrario, somnolencia y confusión.
Si aparecen estos signos, recuesta a la persona, eleva ligeramente sus piernas si no hay sospecha de fractura, abrígala y solicita ayuda urgente sin demora.
Mientras esperas la ayuda
Una vez controlado el sangrado, acompaña a la persona y mantenla tranquila. Recuéstala, cúbrela con una manta para conservar el calor corporal y vigila de forma constante su estado de conciencia y su respiración. Anota, si puedes, la hora aproximada en que comenzó el sangrado y cómo ocurrió la lesión, ya que esa información será útil para el personal de salud. Evita dejarla sola y háblale con tranquilidad para que se mantenga calmada. Si su estado empeora en cualquier momento, comunícalo de inmediato a la línea de emergencias.
La información de este artículo es de carácter orientativo y educativo, y no sustituye la valoración ni el tratamiento de un profesional de la salud. Ante una emergencia o ante cualquier duda sobre el estado de la persona, llame de inmediato a la línea de emergencias disponible las 24 horas, los 7 días de la semana, para recibir asistencia y, de ser necesario, el traslado oportuno.
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